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Cómo elegir psicólogo

Cómo elegir psicólogo (sin perderte en el intento)

Por Pablo Lorenzo · Publicado el 8 de julio de 2025

“Quiero ir a terapia, pero no sé con quién”

¿Te suena?

Elegir psicólogo puede sentirse como una misión imposible: mil opciones, distintas especialidades, enfoques que no entiendes, y ese miedo silencioso de: ¿y si no conectamos?

No estás solo/a/e en eso. Buscar ayuda psicológica ya es un acto valiente. Pero elegir bien con quién dar ese paso puede marcar la diferencia entre abandonar o avanzar.

Así que, si estás en ese punto, esto es para ti.

Aquí van algunas claves reales, sin tecnicismos, para ayudarte a elegir un psicólogo que sí sea para ti.

1. Que te inspire confianza (sí, desde el primer vistazo)

No necesitas entender todos los títulos que aparecen en su perfil. Lo que necesitas es sentir que te habla a ti. Que su forma de comunicarse, su enfoque y lo que transmite te hagan pensar: “Aquí podría sentirme seguro/a/e”.

Eso es un muy buen comienzo.

2. Que tenga formación, sí… pero también mirada

No todo es el máster. Hay algo más importante: su capacidad de escuchar sin juzgar, su forma de acompañarte desde el respeto, y su sensibilidad con temas como el género, la sexualidad, las emociones o el contexto cultural.

La formación importa, pero la humanidad también.

3. Que sea especialista en lo que tú necesitas

¿Estás pasando por un duelo? ¿Problemas en la pareja? ¿Dificultades sexuales? ¿Eres parte del colectivo LGTB+ y buscas un espacio seguro?

Busca a alguien que tenga experiencia real y específica en eso que estás viviendo. La terapia no es “café para todos”. Y tú mereces algo hecho a tu medida.

4. Que no te hable como un robot

La conexión terapéutica es clave. Si en la primera toma de contacto te sientes incómodo, juzgado o “raro”… escucha esa intuición.

Un buen psicólogo no te da respuestas mágicas, pero te hace sentir visto/a/e, incluso en tus silencios.

5. Que te lo ponga fácil

¿Tiene una web clara? ¿Puedes escribirle sin sentir que molestas? ¿Explica bien su enfoque? Todo eso suma.

La accesibilidad también es parte del cuidado.

Y ahora… ¿qué hago con todo esto?

Muy simple: elige desde ti. Desde cómo te sientes, no desde lo que “deberías” buscar.

Hazte esta pregunta: ¿Me sentiría cómodo abriéndome con esta persona?

Si la respuesta es sí, empieza.

Y si no es esa persona, no pasa nada. No es un fracaso, es una brújula que te está guiando mejor.

Recuerda: ir a terapia no es un signo de debilidad, es un paso de amor propio.

Si sientes que mi forma de trabajar encaja contigo, estaré encantado de acompañarte.

Y si no, ojalá encuentres ese lugar donde puedas ser tú sin filtros.

Porque de eso se trata la terapia: de reconocerte y avanzar con alguien que camine a tu lado.

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